El puente ferroviario sonre Firth of Forth

jueves, 16 de agosto de 2012

Acerca de la Educación Pública (gratuita, dícen)

    Vengo de un país dónde, desde pequeño, me enseñaron que la educación, al igual que la sanidad (de ésta hablo otro día), eran gratuitas. Me lo creí. ¿Por qué no? Al fin y al cabo, mis padres no pagaban facturas de colegio (o eso creía yo). De mayor, cuando el padre fui yo, comprobé la verdad. De gratis, nada. Porque está esa parte que parece aparte (valga la aliteración) y que todos pagan. Me refiero, claro está, a los "extras" (que no son tal, porque son gastos imprescindibles, no al revés). Es decir: uniformes, comedor, actividades extraescolares, transporte, AMPAs (algunas deberían usar "h" inicial), mucho material escolar y, sobre todo, LIBROS. Esa gallina de los huevos de oro de las editoriales españolas. Pequeñas subvenciones y becas aparte, es un gasto impresionante por hijo, que los medios de comunicación alegremente difunden con cifras redondas a principio de cada curso.

    Pero oiga, la EDUCACIÓN sí que es gratuita, dicen. Ya, bueno. A lo mejor se refieren al gasto del personal y uso de las instalaciones escolares (algún Consejero de Educación puede estar pensando ahora en colocar tornos -para insertar 1€- a la entrada de los colegios, como si no fuera ya difícil alentar a los jóvenes para que no hagan pellas); a lo mejor se refieren a eso y no a la educación, que es una palabra muy grande; mucho.

  Sin embargo, fue al llegar a este pequeño país (pequeño sólo demográfica y geográficamente, nada más) cuando comprobé qué significa realmente eso que llamamos, ya saben, educación pública gratuita.

    Mis hijos están en el colegio de primaria del pueblo. Los inscribo. Ud. perdone, ¿qué hace falta que traigan? Nada, me dicen. ¿Material? No, aquí tenemos. ¿Libros? No, aquí los proporcionamos. ¿Comida? Pueden traérsela de casa o pagar 1£ (al final 0£, porque está subvencionada) ¿Uniformes? Eso sí (y resulta que, aunque están a la 1/4 parte de lo que valen en España, también me lo pagan). Natación, Rugby, Senderismo, Huerto, Cocina... son cosas que hacen mis hijos, pero no pago, porque no son "actividades extraescolares". De ésas también hay, cómo las clases particulares de violín o piano, a 120£ por sesión (que tampoco pagas si no eres millonario, literalmente). Y nivel docente es espectacular. Las asignaturas se entremezclan continuamente, de forma que los niños no se encasillen fácilmente con ellas, girando éstas en torno a un proyecto, que sirve para interesar al alumno y hacerlo participar.

    ¡Ah, educación! Hasta ahora he hablado de enseñanza, pero se me olvida a veces que he venido a una parte del mundo donde las buenas maneras son idiosincrásicas. Hasta los jhonnys (que los hay), chonis, merdes, chulos o cómo se llamen en vuestro pueblo dicen "please", "thank you", "sorry", "you're wellcome". Básico. Es así. Educación. Desde el nacimiento hasta la muerte; en las clases bajas y altas; en el colegio, en casa y en la calle.

    Esto es una verdadera Sociedad del Bienestar, una que comprende el valor de la educación y su trascendental importancia en el futuro de la misma. Sólo por la seguridad y tranquilidad que tengo en el futuro de mis hijos ya ha merecido la pena venir aquí.

    Umm... ¿Sí? ¿Qué quieres, hija?
    Papá... ¡Quiero ir a Oxford!

    <Mierda>.

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